jueves, 29 de noviembre de 2012

El espejo

Esta historia es una de mis favoritas (si no lo fuera, no empezaría por ella).
Sin más, aquí les va.


  El espejo
Soy una persona común. Vivo bien, trabajo desde mi casa, y no tengo problemas mayores, solo disfruto la vida tranquila y pacífica que llevo en mi casa en los suburbios de Caracas. En mi tiempo libre salgo con mis amigos, veo televisión o simplemente no hago nada, me deleito con mirar por mi ventana a los pájaros volar, a mi perro, Fufi, correr y a las hojas de los árboles moverse, agitadas por el viento. Nunca me aburro por completo: siempre me quedo en un estado de hipnosis, casi de éxtasis, pensando en alguna sutileza, en algún detalle que me deja pensando por horas durante las cuales ni siquiera siento el paso del tiempo.  

De vez en cuando me encuentro en blanco, con todas mis dudas ponderadas y todas mis ideas clarificadas hasta su máximo: es entonces que subo al ático, lleno de recuerdos y cosas de mis antepasados, buscando algo que no había visto antes, algo en que pensar, algo que le añadiera un poco de sentido a mi existencia.

Pero esta mañana encontré algo mejor: un espejo del siglo XVIII, hecho a mano. El espejo tenia un espectacular marco de madera sobre dorada con pan de oro, y sus esquinas estaban adornadas con tallas rocallas de estuco. Pero lo más impactante del espejo era una gran talla en forma de león hallada en la parte superior del espejo, de manera imponente, sublime. Al principio pasé varias horas contemplando al espejo, me hechizaba, me sometía. Miraba al gran león, a las tallas de las esquinas, pero sobre todo a mi reflejo. A cada vistazo me preguntaba: ¿Soy realmente yo ese hombre?¿Es ese espectro, esa sombra mía realmente idéntica a mí?

No podía aceptarlo. Ese no era yo, aunque no sabía exactamente por qué: tenía mi cara, mi cuerpo, mi fisionomía y mi expresión, pero no era yo. No podía dormir, no podía pensar. Todo era ese fantasma, ese espíritu que me atormentaba y me seducía, me hacía apartarme y luego volver. 

No lograba trabajar, no conseguía dormir, no podía ser por su culpa. Por esto subí otra vez al ático, dispuesto a terminar con mis problemas. El espejo estaba ahí, presuntuoso, soberbio. Agarré el primer objeto al alcance de mi mano, que resultaba ser una barra de hierro, y golpeé con fuerza el espejo. Sin embargo, no se rompió. La barra entró en el marco del espejo; simplemente se fundió con el vidrio para luego aparecer del otro lado. Normalmente, ante una situación así, hubiera escapado, prometiéndome nunca volver a mi ático, pero lleno de ira y de odio como lo estaba, pensaba solo en acabar con todo, en destruir al objeto de mis miedos y temores tan rápidamente como fuera posible. Entonces entré al espejo.

Al principio me causó dolor, pero poco a poco me empecé a sentir ligero, joven, libre. No fue hasta mucho mas tarde que me di cuenta que era prisionero en mi propio espejo.Todo estaba oscuro excepto por un punto brillante en el horizonte. Entonces me puse a caminar. No sé por cuanto tiempo caminé: horas, días, meses, tal vez años; siempre la misma luz, siempre la misma oscuridad.

No sé como salí : no recuerdo nada. Un momento estaba caminando, otro había vuelto a mi hogar. Recuperé, sin embargo, la memoria en el jardín de mi casa.
¿Como había llegado ahí? ¿Había todo sido un sueño? ¿Sólo una parte?¿O era todo real?

Buscando respuestas, fui al ático. El espejo había desaparecido.

Publicando este relato puede que pase por loco, y puede que pase por novelista, pero lo publico de todas maneras porque debo compartir mi experiencia con alguien, dejar una huella de lo que me pasó para que no caiga en el olvido y que así, si vuelve a ocurrir algo similar, la víctima pueda saber, a diferencia de mí, que no ha caído en la locura. 

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