lunes, 3 de diciembre de 2012

La escena del crimen

Esta va dedicada a aquellos de ustedes que pasaron horas y horas pensando en cómo asesinar al profesor idiota de turno. Disfrútenla.


Estaba tirada en el suelo, en el medio de la habitación. Un charco de sangre la rodeaba, contrastando con el blanco mármol del piso. En el centro de su cabeza estaba incrustado un lápiz Mongol, con sólo la punta de su borra emergiendo de su cráneo. Su cara, distorsionada en una maléfica sonrisa, mostraba una expresión de horror e impotencia; su pelo, una vez negro como el ébano, no era más que una sábana escarlata que cubría a lo que había sido alguien.

Había algo... Algo desafiante sobre ese lápiz. Estaba clavado casi perpendicularmente, como un asta hundiendo más y más la negra bandera de la muerte en su cabeza. Lo removí: no era más que un lápiz común y corriente.

Del tipo que usaría un estudiante.


Nota: Esta historia fue escrita usando un lápiz Mongol número dos.

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